Vicenta María: Biografía
Hace ya años que, con la aprobación de personas muy competentes, vengo pensando en formar parte de una Congregación de Sras. que, viviendo en comunidad, bajo una Regla Religiosa, se ocupe de esta obra, instruyendo a las muchachas durante su permanencia dentro del Establecimiento y haciéndolas los demás oficios de visitarlas etc. que hasta ahora se ha hecho por las sras. particulares. A cualquiera asustaría tal proyecto, y no es para menos, si se contara con los medios humanos, pero esta clase de cosas, Dios únicamente puede hacerlas, valiéndose de instrumentos acaso los más inútiles, para de este modo ostentar su poder. Así yo veo como va trayendo las cosas, pues sin saber cómo, he venido a vivir bajo el mismo techo de mis pobres chicas, que era todo mi anhelo. Desde que vine en diciembre, me tiene Vd. dedicada a ellas, según las circunstancias lo permiten, y esta ocupación es mi único centro. Dije a Vd. que de lo que trato es cosa más suave que cualquiera otra a que pudiera aspirar, porque en primer lugar no me obligo con votos solemnes, y además pueden Vdes. venir a pasar cerca de mí las temporadas que gusten y yo también podré ir a ésa alguna temporadita. Ya ve Vd. qué monja tan flexible; pero eso podrá ser cuando otras personas queden encargadas del régimen de la casa, más no ahora que las circunstancias hacen que en muchas cosas, por no decir las más esenciales, dependen de mí.
Así, pues papá no creo que Vd. quiera oponerse a los designios de la providencia y ser causa de que cese el bien que se está haciendo, el cual se estorbaría en gran manera, quitándome de aquí. Ya sé yo que le ha de costar a Vd. trabajo lo que pido, o por mejor decir, lo que Dios exige, pero para eso es la superioridad que debemos tener sobre nosotros mismos, para no obrar según nuestro gusto, sino sujetando siempre el apetito a la razón y la razón a Dios.
Papá tenga Vd. generosidad, conózcase en esta ocasión la magnanimidad de su corazón, mire Vd. las cosas bajo su verdadero punto de vista, sepa Vd. agradecer a Dios la gracia tan especial que le hace queriendo servirse de esta pobre hija para cosa de su servicio. Si el mismo Señor le hablara a Vd. y le dijera: "cédeme esa hija que Yo te he dado, porque me quiero servir de ella" ¿tendría Vd. valor para negárselo? ¿no lo tendría Vd. en grande honra el que se designara poner en mí los ojos?. Pues esto ha sucedido sino que entendemos las cosas al revés. Muchas cosas le diría pero me contentaré con manifestarle que me es muy sensible ocasionar a Vd. el más pequeño disgusto, pero no está en mi mano el dejar de hablar todo lo que he escrito. En la mano de Vd. sí que está todo convertido en bien. Ahora me ocurre que, si le sirve a Vd. de disgusto contestar a cuanto le digo, con tal de que me deje quieta, tomaré la callada por respuesta. y así iremos viendo lo que Dios quiere.
Reciba un abrazo de su amante hija.
Vicenta María López y Vicuña
Está convencida de que esta es la VOLUNTAD DE DIOS y no considera que ninguna dificultad pueda tener fuerza suficiente para hacerla desistir.

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