Vicenta María: Biografía
De nuevo es primavera. Desde que terminaron los Ejercicios el panorama que Vicenta María contempla es una primavera juvenil, un campo extenso de necesidades de todo tipo y unas posibilidades grandes de sementera.
Pero todo esto estará perdido si no se encuentra quién esté dispuesto a adentrarse en la aventura de poner la vida al servicio del Reino. Al servicio de esta tarea concreta de acompañar, acoger, orientar, compartir con las jóvenes para proyectar la luz del evangelio, la cultura y el amor sobre la realidad de cada una.
Varias veces durante su infancia, Vicenta María ha preguntado a su padre el por qué de las cosas que no entiende... Ahora es ella quién tiene que explicar el por qué de la decisión que acaba de tomar. Para hacerle saber sus proyectos escribe la siguiente carta.
Madrid, 28 de mayo de 1868
Muy querido papá: puede Vd. conocer cuánto nos hemos alegrado de que la mejoría siga, según nos decía Vd. en su anterior y es de esperar se extingan por completo esos padecimientos cuando un medicamento tan sencillo ha producido tan buenos efectos.
En vista de lo que me dice Vd. respecto a mi viaje, me hallo en el caso de manifestarle que mi estancia en esta ya no tiene por objeto acompañar a mis tíos, sino seguir mi vocación. Muchas veces le he oído ha Vd. que no quería verme sin ningún estado, y que uno de los deberes de los padres era colocar a sus hijos competentemente, y en esto, se entiende que a cada uno se le ha de dar aquél a que Dios le llama. Supuesto, pues, el deseo que Vd. tiene de verme con estado, junto con esto debe venir el renunciar a mi compañía, pues difícilmente permanecen los hijos al lado de sus padres después de colocados.
Demasiado convencido debe estar Vd. de que yo no quiero el matrimonio, pues hasta ahora Dios se ha dignado inclinarme a otra clase de vida, libre de los impedimentos del siglo y cuyo régimen sólo atienda a mi propia perfección y la salvación de mis prójimos. Al oír esto, podría Vd. pensar que iba a proponer alguna pretensión de entrar en alguna Orden o Instituto que tal vez me obligara a ligarme con votos irrevocables y que desde luego perdía la esperanza de tenerme a su lado y aún de verme con facilidad, pero parece que Dios quiere otra cosa mucho más suave. Si Vd. quisiera recordar, ya le tengo dicho que mi inclinación decidida era cooperar con mis débiles fuerzas a que esta obra de las sirvientas fuera adelante, y dicho sea de paso que es elección espontánea y que de sólo Dios me ha venido tal afición. ... Continúa...

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