Vicenta María: Biografía
Sigue avanzando el tiempo sin detener su carrera... Corre ya el año 1890. La Madre se prepara para hacer la Profesión Perpetua que pronunciará el 31 de julio de este año.
Su vida pujante y su corazón se van apagando. Hizo presa en ella la enfermedad y no han podido detenerla. Agotadas las fuerzas físicas, debilitada la naturaleza por la fiebre que no cesa, se intuye que el final está llegando y se hace fácil comprender que la nube oscura de la separación va a sombrear la vida de ahora en adelante.
La Madre se apaga por días, las hermanas ven que la falta de fuerzas será un impedimento para poder ir a la Capilla, por eso, buscando la forma de hacer posible el encuentro de Vicenta María con el Señor en la Eucaristía, instalan un oratorio en la habitación contigua a la suya.
Sufren las hermanas y rezan pidiendo la curación de la Madre. Y las chicas con interés siguen las noticias que les van dando... todas se esfuerzan por alejar la idea, el sentimiento de sus corazones, pero el mal sigue su curso, Vicenta María se acaba... A ELLA TAMBIÉN LE DUELE MARCHAR... dejarlas solas, pero Dios que las ha llamado, las sostendrá, confía mucho... y ama mucho...
Hace frío... estamos en el 26 de diciembre del año 1890. Nadie se atreve a pronunciarlo, pero la Madre se va por momentos. Ha llegado su existencia al límite y ella lo sabe... Su vida ha sido cogida por el amor y ahora, cuando sabe que la muerte va a cogerla también, está feliz, espera ilusionada que se rompa el velo para poder adentrarse en la eternidad. Los ojos de todas sus hijas están pendientes de aquél cuarto de la calle Fuencarral en que la Madre se está acabando. Todas querrían estar a su lado...
Nadie expresa nada pero Vicenta María lee en sus ojos y en sus rostros la expresión de tristeza, la tensión por mantener la serenidad justo cuando el adiós va a quedar flotando en el aire y teme ¿por qué? por sus chicas. Piensa que los días de navidad van a verse empañados por la pena y eso no puede ser. Se sobrepone a la fatiga y les dice: "Quiero recomendarles que por mi muerte no se suprima ninguna fiestecilla de las chicas, y esto aunque estuviera de cuerpo presente".
¡El tiempo! ¡ quién pudiera detener el tiempo! sigue acompasado el tic tac del reloj. Va adentrándose la mañana. en el gesto de la madre se entrevé ya la paz que está llegando... Es la hora en que el Instituto confirma su fe. A la 1,45 inclina suavemente la cabeza y se entrega al sueño eterno. Tenía solo 43 años.
SE MARCHÓ... se adentró en los mares de la eternidad y desde allí bendice y acompaña a su Obra y a sus chicas. (Cfr. C. Notario rmi "Huellas de Amor")

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